“If”, de Rudyard Kipling

Kipling, por Philip Burne Jones, 1899

Kipling, por Philip Burne Jones, 1899

Seguro que todos habéis visto alguna versión en cine de El libro de la selva, la historia de Mowgli, el niño salvaje criado por lobos en un bosque de la India y luego protegido por Bagheera la pantera y el oso Baloo. Si más no, seguro que os suena la canción Busca lo más vital, todo un himno a la amistad y a la alegría de vivir que aparecía en la película de Disney.

Lo que seguramente ya no conocéis tanto es la historia de su autor, el escritor angloindio Rudyard Kipling (Bombay, 1865- Londres, 1936) y os aseguro que vale la pena. Kipling es el caso más típico de escritor “imperialista” del siglo XIX, nacido en la India pero educado a la inglesa, decidido partidario del ejército y del Imperio mundial de Su Majestad Británica, pero a la vez fascinado por el exotismo y la magia de Oriente. Desde su lengua y su perspectiva de caballero inglés, desarrolló su curiosidad y su afán aventurero con el estudio de las leyendas, mitos y filosofías de la India y viajó a lo largo y ancho del planeta, lo que le llevó a recorrer África, América, Europa y Asia. Y por suerte para nosotros, de todas sus experiencias hizo acopio y resumen en cuentos, novelas y poemas de notable belleza.

A su pluma debemos historias tan conocidas como  la ya citada colección de narraciones El libro de la selva (1894),  la novela de aventuras Capitanes intrépidos (1897), la novela de aprendizaje Kim (1901),  o el relato corto El hombre que pudo ser rey (1888); así como una larga colección de cuentos y poemas, algunos tan magníficos y deslumbrantes como Gunga din (1892) o este Si (1895) que hoy quiero compartir con vosotros. Es uno de esos textos que te hacen pensar y que mejor simbolizan aquellas pocas cosas que, como consejo, puede un padre dar a su hijo.

De las versiones cinematográficas de sus relatos, si os parece, os hablo otro día.

Aquí tenéis el texto de If (Si) en versión bilingüe. Salud.

 If

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you.
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too.
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don’t deal in lies,
Or being hated, don’t give way to hating,
And yet don’t look too good, nor talk too wise.

If you can dream – and not make dreams your master.
If you can think – and not make thoughts your aim.
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same.
If you can bear to hear the truth you’ve spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build ‘em up with worn-out tools.

If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss.
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: ‘Hold on!’

If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with Kings – nor lose the common touch.
If neither foes nor loving friends can hurt you.
If all men count with you, but none too much.
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds’ worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And – which is more – you’ll be a Man, my son!


Si…

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduría…

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas…

Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta;
y perder y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que lo hayas perdido todo,
excepto la Voluntad que les dice “¡Continuad!”…

Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud,
o caminar entre reyes y no perder el sentido común;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte;
si todos los hombres cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos…
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.

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