La atracción del abismo

Autosuficiencia, de "Parálisis Permanente"

Para ver el vídeo, pulsar en la imagen o aquí

De la atracción romántica por lo oscuro y misterioso, de la rebeldía juvenil y del deseo de vivir al límite, siempre deprisa y en el lado salvaje de la vida, tenemos una buena muestra en la eclosión de grupos de punk-rock que se dio en España en los años 80. A imitación de la “movida” punk de Londres en aquella época, aquí surgieron conjuntos tan interesantes como Siniestro Total, Gabinete Caligari, Golpes Bajos, Alaska y los Pegamoides o éste que os presento hoy: Parálisis Permanente.  

La historia de cada uno de estos grupos y personajes es muy distinta, algunos no duraron más que un par de años, pero todos fueron en su momento la novedad, lo último, el grito apasionado y chocante de unos jovencitos que querían cambiarlo todo porque no eran felices. Antecedentes de  modas, de tendencias y de tribus urbanas hoy conocidas como góticos, emos o siniestros, estos cantantes de la “movida” madrileña y gallega de los 80 bebieron directamente del cine de terror y de serie B, de las secuelas poéticas post-románticas, del rock más desgarrado y de  todo tipo de excesos nocturnos; y desarrollaron una notoria afición por lo oscuro y turbulento, por lo mórbido, por lo decadente y fantasmal que les dio entonces mucho atractivo y una innegable originalidad.  

Algo queda de  varios de ellos que hicieron larga carrera, como Gabinete Caligari, pero el caso de Parálisis Permanente fue muy distinto: en parte por la trágica muerte de Eduardo Benavente con sólo veinte años, en un absurdo -como todos- accidente de carretera, y en parte porque en realidad eran flor de un día. Sin embargo, su estrella truncada nos deja el recuerdo inmortal de su juventud maldita y su misterio intacto. Mirad el repertorio: impulsos suicidas y onanistas, ambiente claustrofóbico, síndrome de Diógenes, amores malgastados, una vida triste y solitaria, como la de tantos adolescentes que se encierran en su habitación desengañados del mundo.  

En el fondo, entre los hikikomori, esos jóvenes japoneses que viven encerrados en su cuarto y pegados al ordenador, los Neet (por sus siglas en inglés, Not in Employment, Education or Training) o la Generación Nini en español (la de los que no trabajan ni estudian) y Werther, el muchacho enamorado perdidamente de su amada Lotte que se suicida al no poder vivir con ella, no hay tanta diferencia. Esa actitud vital tan romántica, tan enfermiza y sensible, de desplazamiento y de insatisfacción con una existencia que mata los sueños, está en el fondo emocional de ambos.  

Os pongo el vídeo de Youtube subtitulado en Overstream para que podáis apreciar mejor la letra de la canción.  

Referencias:

El enigma de los jóvenes japoneses (los hikikomori), en el blog de Héctor Pavón. 

La atracción del abismo es el título de un ensayo de Rafael Argullol sobre el paisaje romántico.

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