Desde la torre

Del amor a los libros y a la literatura se ha escrito mucho. De la necesaria soledad para entenderlos, de la compañía gustosa que ofrecen y de su utilidad como refugio frente a la adversidad, también. Sobre esos amigos de papel, siempre dispuestos a conversar sin pedir nada a cambio, trata este soneto de Quevedo que figura entre mis preferidos. En él muestra su cara más humanista e intelectual, tocada de cierto ascetismo y  desengaño barroco.

Es una noche de invierno. La lluvia golpea en los cristales pero el fuego del hogar nos reconforta. Tenemos tiempo libre y un buen libro a mano… ¿A quién no le apetece?

En vídeo, os pongo la versión musicalizada por Vicente Monera. Abajo, el texto del poema.

Desde la torre

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh, gran don
Iosef!, docta la emprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.

Francisco de Quevedo (1580-1645)

NOTA: “La torre” se refiere a la Torre de Juan Abad, pueblo manchego en el que el poeta madrileño tuvo algunas posesiones y que se convirtió en su lugar de  retiro de la vida cortesana.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: