Elogio de la lectura y la ficción

9 diciembre 2010

Ayer leía Mario Vargas Llosa su discurso de agradecimiento en la Academia Sueca. Se me hace difícil buscar un texto más bonito en que se resuma mejor la pasión por la literatura. Si de letraheridos hablamos, el último premio Nobel, pieza clave del llamado “boom” latinoamericano, merece ese apelativo de pies a cabeza.

Mario Vargas Llosa (2010)

Mario Vargas Llosa (2010)

Aquí lo puedes leer en pdf: Elogio de la lectura y la ficción (2010).

Si prefieres escucharlo y verlo en vídeo puedes hacerlo aquí: Discurso en Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.


Olvidar el Quijote o no

19 abril 2010

Cervantes, por Juan de Jaúregui

De la novela inmortal de Cervantes (1547-1616) se ha escrito y se ha hablado  tanto que a menudo se tiene una idea de ella absolutamente errónea. El tocho de Don Miguel, soldado y poeta, finísimo humorista y hombre francamente desgraciado en tantos lances, es en esencia una obra de burlas y así ha de entenderse antes que nada: como un divertimento, como una obra ligera y divertida, de garrotazo y tentetieso que, sin embargo, se le escapó de las manos a su autor y creció y creció hasta adquirir el volumen monumental que hoy tiene, convertida en arquetipo de parodia literaria y en espejo de la existencia entera.

Como la Biblia para la cultura occidental, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es uno de esos libros que, lo abras por donde lo abras, te enseña algo. Con todo, ésta no es su mayor virtud: la primera y esencial, como en toda novela de humor, es divertir, provocar la risa, mover el ánimo a felicidad mediante la burla sin malicia, salada y enjundiosa, que se desprende de sus páginas, a medida que éstas se hilvanan hábilmente en un juego de planos narrativos en los que el bachiller alcalaino era, sin duda, un maestro consumado, y que nos dejan sin aliento a poco que estemos preparados para ello.

Lo que pasa a menudo es que no lo estamos. Porque seguramente, las quince o dieciséis primaveras que llevamos a cuestas en el primer año de Bachillerato no son suficientes para leer con gusto la obra, para entender plenamente su ironía y su sabroso lenguaje y poderla disfrutar a tope.

Así que en materia de amena literatura, más vale no forzar las cosas y reservar el placer para mejor ocasión. Sólo el día que estemos dispuestos, con ánimo y tiempo sobrados, con apetencia verdadera, el Quijote se revelará como lo que es: como un auténtico clásico, es decir, un libro que renace con cada lector y se renueva y alcanza significados distintos y únicos porque nos habla al oído, como un amigo, con la verdad eterna de las obras hechas para durar.

Mientras tanto, tenemos dos opciones: intentar leerlo una primera vez sin prejuicios y con el ánima y la razón alertas, para lo cual recomiendo vivamente las actividades de la guía de lectura que se proponen en el portal educativo EDU 365; o dejarlo estar para mejor ocasión y seguir el sabio consejo del filósofo Fernando Savater en sus ya famosas Instrucciones para olvidar el “Quijote”, todo un ejemplo de cómo para disfrutar verdaderamente de los grandes libros hay que desnudarse antes de erudición, de juicios previos y de opiniones ajenas que poco bueno añaden a nuestra experiencia personal, única e irrepetible.

ENLACES:

¡Con salud y que ustedes lo disfuten! Cuando gusten, claro.


Desde la torre

16 marzo 2010

Del amor a los libros y a la literatura se ha escrito mucho. De la necesaria soledad para entenderlos, de la compañía gustosa que ofrecen y de su utilidad como refugio frente a la adversidad, también. Sobre esos amigos de papel, siempre dispuestos a conversar sin pedir nada a cambio, trata este soneto de Quevedo que figura entre mis preferidos. En él muestra su cara más humanista e intelectual, tocada de cierto ascetismo y  desengaño barroco.

Es una noche de invierno. La lluvia golpea en los cristales pero el fuego del hogar nos reconforta. Tenemos tiempo libre y un buen libro a mano… ¿A quién no le apetece?

En vídeo, os pongo la versión musicalizada por Vicente Monera. Abajo, el texto del poema.

Desde la torre

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh, gran don
Iosef!, docta la emprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.

Francisco de Quevedo (1580-1645)

NOTA: “La torre” se refiere a la Torre de Juan Abad, pueblo manchego en el que el poeta madrileño tuvo algunas posesiones y que se convirtió en su lugar de  retiro de la vida cortesana.