Olvidar el Quijote o no

19 abril 2010

Cervantes, por Juan de Jaúregui

De la novela inmortal de Cervantes (1547-1616) se ha escrito y se ha hablado  tanto que a menudo se tiene una idea de ella absolutamente errónea. El tocho de Don Miguel, soldado y poeta, finísimo humorista y hombre francamente desgraciado en tantos lances, es en esencia una obra de burlas y así ha de entenderse antes que nada: como un divertimento, como una obra ligera y divertida, de garrotazo y tentetieso que, sin embargo, se le escapó de las manos a su autor y creció y creció hasta adquirir el volumen monumental que hoy tiene, convertida en arquetipo de parodia literaria y en espejo de la existencia entera.

Como la Biblia para la cultura occidental, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es uno de esos libros que, lo abras por donde lo abras, te enseña algo. Con todo, ésta no es su mayor virtud: la primera y esencial, como en toda novela de humor, es divertir, provocar la risa, mover el ánimo a felicidad mediante la burla sin malicia, salada y enjundiosa, que se desprende de sus páginas, a medida que éstas se hilvanan hábilmente en un juego de planos narrativos en los que el bachiller alcalaino era, sin duda, un maestro consumado, y que nos dejan sin aliento a poco que estemos preparados para ello.

Lo que pasa a menudo es que no lo estamos. Porque seguramente, las quince o dieciséis primaveras que llevamos a cuestas en el primer año de Bachillerato no son suficientes para leer con gusto la obra, para entender plenamente su ironía y su sabroso lenguaje y poderla disfrutar a tope.

Así que en materia de amena literatura, más vale no forzar las cosas y reservar el placer para mejor ocasión. Sólo el día que estemos dispuestos, con ánimo y tiempo sobrados, con apetencia verdadera, el Quijote se revelará como lo que es: como un auténtico clásico, es decir, un libro que renace con cada lector y se renueva y alcanza significados distintos y únicos porque nos habla al oído, como un amigo, con la verdad eterna de las obras hechas para durar.

Mientras tanto, tenemos dos opciones: intentar leerlo una primera vez sin prejuicios y con el ánima y la razón alertas, para lo cual recomiendo vivamente las actividades de la guía de lectura que se proponen en el portal educativo EDU 365; o dejarlo estar para mejor ocasión y seguir el sabio consejo del filósofo Fernando Savater en sus ya famosas Instrucciones para olvidar el “Quijote”, todo un ejemplo de cómo para disfrutar verdaderamente de los grandes libros hay que desnudarse antes de erudición, de juicios previos y de opiniones ajenas que poco bueno añaden a nuestra experiencia personal, única e irrepetible.

ENLACES:

¡Con salud y que ustedes lo disfuten! Cuando gusten, claro.

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